Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.
No comí -dije yo-; mas ¿por qué sospecháis eso?
Respondió el sagacísimo ciego:
¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas